Prevén que la gasolina supere los 2 euros el litro en Pontevedra la semana que viene
Las gasolineras de la provincia ya acumulan subidas de hasta 30 céntimos desde los mínimos alcanzados en febrero

Santy Mosteiro , Diario de Pontevedra
06/03/26 |5:00Actualizado: 06/03/26 | 8:10| Tiempo de lectura: 5 min.
Hace apenas tres semanas, llenar un depósito de 60 litros con gasolina 95 en una estación low cost de Pontevedra costaba alrededor de 81 euros. Hoy cuesta cerca de 94. En poco más de un mes, el conflicto en Oriente Próximo ha borrado de un plumazo los precios más bajos que había dejado el último lustro en la provincia y ha colocado el combustible en una trayectoria que va camino de superar los dos euros el litro en cuestión de días.
«Todo apunta a que sí», responde sin rodeos José María Figueroa, presidente de la Asociación Provincial de Estaciones de Servicio de Pontevedra, sobre si ese umbral es alcanzable. «Solo con que se repercuta lo que está pasando esta semana ya vamos a llegar posiblemente la semana que viene, si no la siguiente, a ese escenario».
A mediados de febrero, los carburantes en Pontevedra marcaron sus niveles más bajos en cinco años. La gasolina 95 estaba por debajo de 1,35 euros el litro y el gasóleo A a menos de 1,30. El abaratamiento respecto a la anterior crisis energética era de entre 10 y 16 euros por depósito.
El escenario cambió el 28 de febrero, cuando estalló el conflicto en Oriente Próximo. El barril de Brent subió más de un 13% en menos de una semana, superando los 82 dólares, con el riesgo sobre el Estrecho de Ormuz (por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial) como principal factor de tensión. El traslado a los surtidores no tardó.
Lo peor todavía está por llegar
Los precios medios actuales en la provincia reflejan ya una escalada clara: la gasolina 95 ronda los 1,53 euros de media, con las estaciones de marcas tradicionales cerca de 1,58; el gasóleo A se mueve entre 1,39 en los establecimientos más económicos y 1,60 en los más caros; la gasolina 98 supera ya los 1,70 euros de media. La subida desde los mínimos de febrero supone entre 12 y 13 euros más por cada depósito de 60 litros, tanto en gasolina como en diésel. Y el grueso del impacto, avisa el sector, todavía no ha llegado.
Los incrementos en el precio mayorista no son uniformes. Figueroa detalla que mientras a algunas estaciones les han subido 25 céntimos el litro desde el lunes en el precio que les cobra la petrolera, otras han recibido subidas de 60 céntimos en una sola semana. Una diferencia que hace imposible trasladar el coste al precio final sin perder clientes de inmediato. «Si a tu compañero de al lado le subieron solo 35 céntimos porque es de otra marca o porque compra de otra manera, te quedas vendiendo a pérdidas unos días«, explica. Eso ya ocurre en algunas gasolineras de la provincia. Pero la tregua es temporal: antes o después, esos 60 céntimos de sobrecosto mayorista acabarán reflejándose en el marcador del surtidor.
El Gobierno ya baraja recuperar las ayudas
Si la gasolina alcanza los dos euros, las consecuencias se extenderán mucho más allá de los surtidores. Figueroa recuerda lo ocurrido con la guerra de Ucrania: huelgas de transportes, revisión generalizada de precios, medidas de emergencia desde el Ejecutivo… «Volveremos a los paros porque el transporte es imposible que aguante semejante subida», advierte. El Gobierno ya estaría barajando recuperar los descuentos por litro que aplicó durante aquella crisis, aunque, como señala Figueroa, «al final lo pagamos todos».
El ciudadano que hoy pase por cualquier gasolinera de Pontevedra está viendo en el marcador el inicio de esa cuenta atrás. Lo que compró barato en febrero llega ahora encarecido al surtidor, y lo que las petroleras están cobrando esta semana todavía no se ha trasladado del todo al precio final.
Ante este panorama de inflación desbordada, Figueroa desmonta la percepción habitual del usuario: «las estaciones de servicio no se benefician cuando el combustible sube, sino todo lo contrario. Para nosotros, un escenario de precios altos es el peor».
La razón es estructural: el margen por litro que cobra una gasolinera es fijo, independiente del precio de venta. Sin embargo, las comisiones bancarias y las tarifas de gestión que les cobran las propias petroleras son porcentuales.
A eso se suma que los precios altos reducen drásticamente el consumo. «Vendemos menos«, reconoce. La psicosis inicial (ya son habituales las colas en las gasolineras para llenar el depósito) no compensa la caída de demanda que sigue a cada escalada prolongada.
Las consecuencias del efecto pluma
El mecanismo que explica la velocidad de la subida tiene un nombre concreto en el sector: efecto pluma. «Tan pronto hay un poco de miedo y tensión en los mercados se aplica automáticamente aunque no haya una base para soportarlo», explica Figueroa. El problema es quién absorbe ese golpe primero.
Las estaciones de servicio no compran petróleo crudo, sino producto refinado, con un desfase de dos o tres semanas respecto al mercado de futuros. Sin embargo, las petroleras ya les están repercutiendo esta semana subidas que, según el portavoz de la patronal, no están justificadas por el coste real del producto que están distribuyendo. «Pero los que quedamos mal con el cliente somos nosotros».
