• La avenida de Lugo, en Pontevedra, concentra gasolineras tradicionales y de «low cost» ADRIÁN BAÚLDE
  • Es la cuarta estación de la comarca que está en trámites, con las dos de Sanxenxo y la que se levantará en Bueu 17 abr 2026 .
  • Actualizado a las 05:00 h.
  • El cierre de la gasolinera Baratoil en Barro sorprendió a los usuarios de una estación que está en la carretera que une Pontevedra con Vilagarcía. Desde la Asociación Provincial de Empresarios de Estaciones de Servicio reconocen que es una situación atípica en un sector donde las low cost no dejan de crecer. Pontevedra proyecta ahora una más en A Ermida, en Marcón. APF Gasolineras presentó el 27 de febrero la solicitud para el trámite ambiental y está todavía pendiente de resolución. Es el último paso para que le concedan la licencia
  • Este proyecto se suma a los otros tres que hay en marcha en la comarca. Todos de bajo coste. Hay dos previstas en Sanxenxo y una en Bueu, pero las solicitudes que tiene la patronal para toda la provincia se reparten por Tomiño, Vigo y Salceda de Caselas. «Las de bajo coste son las únicas que entran por la facilidad para implantarse, ya que son grupos grandes con un modelo de explotación muy sencillo al no tener personal.
  • Y ahora eso es un hándicap en los negocios», señala José María Figueroa, presidente de la patronal, que habla en nombre de los asociados cuando cuestiona la proliferación de un tipo de servicio que, cuando empezó a colonizar las carreteras, tenía una intención que, según él, nunca se cumplió. «Nació de la falsa idea de que un aumento de la competencia iba a provocar una bajada de los precios y no tiene ningún sentido, porque el negocio deja un margen muy pequeño. No hay posibilidad de rebajar el precio con cargo a él», explica.
  • Solo en la comarca de Pontevedra hay 48 estaciones, de las que 13 son de bajo coste, y existen otras tres —dos en Pontevedra y una en Sanxenxo— que son libres. «No pertenecen a grandes distribuidoras ni a petroleras, pero no son low cost», aclara Figueroa, que recalca que cuando habla de las de bajo coste se refiere a las que están desatendidas: «Este es el modelo que más proliferó últimamente porque es fácil de instalar y no tienen personal».
  • Las cuatro que se proyectan en la comarca avanzan a ritmos muy diferentes. La de Pontevedra está pendiente de resolución ambiental, mientras que en las de Sanxenxo los plazos varían. En A Vichona han empezado las obras tras recibir el pasado noviembre la resolución ambiental y el Concello acaba de dar la licencia para la que se levantará en el solar contiguo a la vieja discoteca Pirámide. En Bueu están pendientes de los informes de los servicios técnicos municipales para dar vía libre a la primera estación low cost de la localidad.

José María Figueroa, presidente de los empresarios de estaciones de servicio de Pontevedra, ante el negocio familiar en Baiona, históricamente conocido por los tulipanes que lo adornan Oscar Vázquez

El proyecto de una gasolinera más de bajo coste en Pontevedra agita al sector energético

  • Las solicitudes para abrir gasolineras de bajo coste en la comarca es constante. El presidente de la Asociación de Empresarios de Estaciones de Servicio de Pontevedra, José María Figueroa, alerta de la desigualdad que supone competir con ellas. «Abrir una gasolinera low cost necesita una inversión de entre 400.000 euros y medio millón, mientras que una tradicional ya tiene otra dimensión más grande y hablamos de un millón de euros largo», apunta. Las primeras carecen de empleados, frente a las que pertenecen a grandes distribuidoras o petroleras, que disponen de personal y cuentan en su mayoría con tiendas.
  • A este coste que marca el presidente de la patronal se suma el terreno donde se levanta, la mayoría de ellas en propiedad. «La fórmula de alquilar el terreno para una estación es muy reciente y coincide con la entrada de estos operadores», explica. Aunque en Galicia todavía no se ha dado, ve un problema en el alquiler del suelo a estas grandes cadenas, que pueden irse del país y «dejar su red abandonada». «Te quedan los tanques enterrados en el suelo. No está contaminado, pero sacarlos tiene un coste muy elevado», añade.
  • Al margen del aumento de este tipo de gasolineras, Figueroa reconoce que atraviesan una situación delicada por la guerra de Irán. La subida del crudo y por extensión el de la gasolina reduce el consumo y pone en el ojo del huracán a las estaciones. «Parece que somos los artífices y los grandes beneficiados de estas cuestiones cuando somos una víctima más. Primero son los clientes y luego nosotros», reconoce. Las que no pertenecen a las petroleras, que ya fijan el precio, el resto tratan de contenerlo. «El combustible está a precio de oro, pero hay una barrera psicológica que son los dos euros. A veces, a pesar de no tener margen, haces una contención para tratar de no pasar esa frontera. Es una situación preocupante», recalca José María Figueroa. En la estación de servicio de BP en Sanxenxo se vendía ayer el litro de gasolina a 1,717 euros, el más alto de la comarca, frente al 1,425 de Ballenoil, Plenergy o Petroprix, en Pontevedra. Son datos del portal de hidrocarburos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.